Impresiones sobre una feria gourmet

Por Nathalie Moeller

El Ecuador Cultura Gourmet 2013 se celebró este 24, 25 y 26 de octubre entre novedades, amigos, curiosos y sibaritas. En este tipo de ferias se nota cada vez más que la industria alimenticia toma más riesgos, investiga, prueba más. El resultado es que el visitante puede probar algunas deliciosas sorpresas y salir con la aún más placentera sensación de que los creadores le ponen pasión a sus creaciones. Ese es posiblemente el punto más alto del Ecuador Cultura Gourmet del 2013. Cafeteros, queseros, chocolateros, ¿aceiteros? ¿teteros? ¿chocheros? (¿Cómo se les dice a los especializados en aceite, té y chochos? ¿Y porque de repente sonó un poco pervertido lo que estaba escribiendo?), buscan nuevas maneras de sorprender a los paladares, y también al resto de sentidos.

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En efecto, muchas cosas en la vida, incluida nuestra propia presencia, entran primero por los ojos, por la nariz o por el tacto. Por eso en esta feria se cuidan, o deben cuidarse todos los detalles del producto. Desde el stand que invita a acercarse sin miedo, a los vendedores amables y conocedores de su producto, al aspecto mismo de lo que ofrecen, al sabor y todo lo que el producto despierte en el visitante después de haberlo probado. Los visitantes de estas ferias, y más en una de este tipo gourmet, no industrial, refinada, no masificada, esperan degustar algo rico, quieren que se le exija a sus sentidos, quieren aprender, quieren no conformarse.

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A Andes Brewing Co. le fue muy bien. Un mes antes empezaron los preparativos: armar nuevo merchandising, elaborar la cerveza con la calidad y pasión de siempre, generar un buen stock, pensar en el stand, ver cuanta ayuda se necesitaría, etc. Tres días de feria no son poca cosa. Todos los que expusieron estarán de acuerdo con que una feria es cansada.  Uno debe mantenerse de pie desde la mañana hasta la noche, atendiendo sin parar a todos los visitantes, arreglando la mesa, limpiando los vasos o platos, preparando el producto, sirviendo, explicando, mostrando, conversando… ¡Eh! Pero es justamente eso, conversar, la que hace que todo valga la pena. Uno conoce gente, recibe amigos, enseña, aprende y de repente se encuentra con personas de afinidades parecidas, de pasiones similares. La interacción humana es tal vez lo más rico de la vida, y de las ferias también. La gente está abierta a nuevos sabores, a nuevos pensamientos, a conocer y darse a conocer. Es una muy buena disposición en la que encontrar a alguien.

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Este año Ecuador Cultura Gourmet se llevó a cabo en el ex aeropuerto, ahora Parque y Centro de Eventos Bicentenario. Aquí caben dos opiniones. 1. El año pasado el evento tuvo lugar en Itchimbía. El Palacio de Cristal no sólo más bonito y llamativo por su arquitectura misma, sino porque está rodeado de un amplio jardín y tiene vista al centro histórico de Quito. El lugar invita a quedarse ahí más tiempo, a llevar a los niños para que jueguen en el jardín, a llevar a los abuelos y tíos en plan paseo familiar. (¿A los niños les gusta el chocolate y tal vez es algo que los chocolateros echaron en falta?)2. El ex aeropuerto, si bien se pueden aprovechar de varias maneras (y no nos referimos a ir un domingo con los amigos a sentarse bajo un árbol, porque no hay), sigue siendo eso, un ex aeropuerto. El espacio ahora destinado para ferias y eventos, la ex terminal internacional, es un salón industrial, sin diseño, frío, al que no dan ganas de ir y que no invita a quedarse.

Sin embargo, y a pesar de eso, los visitantes salieron contentos. La organización estuvo excelente y fluyó con naturalidad. Los expositores le pusieron mucho empeño y cariño a su trabajo. Atendieron siempre con notable amabilidad y eso es lo más destacable de una feria y de esta en particular.

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Experiencias como esta son las que permiten crecer a las marcas y sus creadores. Se intercambian opiniones, ideas, risas y críticas. Se conoce gente, y la gente a su vez encuentra más productos de calidad que satisfagan sus paladares. La buena comida, la buena cerveza, el buen vino, el buen café… justamente esos elementos del diario vivir son a los que más atención habría que prestarles, porque salud aparte,  son los que le pueden otorgar a nuestra cotidianeidad un plus de satisfacción. Pueden convertir actos tan comunes como comer o beber en una experiencia diaria placentera y feliz.

¡Nos vemos en la próxima feria!

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