Grandes esperanzas… pensamientos desordenados sobre mi trabajo

Por Julio Espinosa

Trabajar en una cervecería puede ser una experiencia llena de desafíos y novedades diversas. En esta etapa naciente de Andes, además, tengo todo tipo de responsabilidades; desde gestionar todo lo que tiene que ver con trámites legales (podría escribir un libro entero sobre esto), asegurar la higiene de la planta, coordinar la importación de la materia prima, distribuir semanalmente las cajas de cerveza, facturar y cobrar ventas (esto es probablemente lo más cargoso e innecesariamente complicado y frustrante – gracias a mis clientes puntuales, ¡les amo! Y los que no, bueno, igual los quiero :P), “hacer” relaciones públicas (actividad que consiste en asistir a un sinnúmero de eventos para charlar por horas sobre Andes con amigos y amigos que aún no conozco, mientras consumimos cantidades enormes de cerveza – así es, pobre yo), sentarme durante horas con mis diseñadores y mi publicista frente al Photoshop y el Illustrator para desarrollar continuamente material publicitario (esto es los más divertido), recibir a periodistas, estudiantes, clientes, inspectores, coleccionistas de botellas cerveceras, curiosos, fanáticos de la cerveza artesanal, sommelieres de vino, hacerles el tour de la planta seguido de una degustación (a ratos se convierte en una degustación muy completa y prolongada), y lo más importante, elaborar y embotellar cerveza todos los días. Sip, me toca la del hombre orquesta, aunque en los últimos meses he tenido un mundo de ayuda gracias a Max en la planta y a Nathalie con la redes sociales. En otra ocasión hablaré más de ellos.

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Buscando proveedores en las páginas amarillas, puliendo recetas, armando la fanpage de Facebook, y tomando una Pale Ale simultáneamente.

Como cualquier trabajo, ocurren cosas inesperadas diariamente. Algunas buenas, otras malas y otras feas. De repente un cliente necesita de urgencia una cantidad enorme de cerveza cuando no hay stock disponible. En estos casos he tenido que inclusive romper las leyes de la física para de alguna manera despachar esa orden que no la podemos rechazar. A ratos tengo que cubrir costos adicionales nunca planificados por algún nuevo arancel hijo de p%ta que se impuso a algún insumo (el mismo insumo que no se lo puede conseguir localmente – obra maestra de los planificadores del comercio exterior). Otras veces se traba la válvula del tanque de hervor con hojas de lúpulo, imposibilitando la transferencia de la cerveza hacia el fermentador (¡qué dolor de cabeza!). En este último caso hemos tenido que hacer malabares cerveceros para salvar el “batch ” de aquella Ale.Image

La semana pasada tuvimos un problema de lúpulo al intentar enfriar y transferir la cerveza hacia el fermentador. El filtro de lúpulo no estaba correctamente colocado y se tapó la válvula de salida. ¿Cómo resolver esto?

Por otro lado también ocurren cosas buenas. Se inicia una nueva cuenta con algún buen cliente, recibo alguna llamada de una revista que quiere cubrir la planta en su siguiente edición, se desaduaniza la importación de maltas que permaneció sentada durante semanas en el puerto, mientras que yo sudo frío por el miedo de quedarme sin materia prima (es un alivio semejante al de ir al baño luego de varias horas de sufrimiento extremo por aguantarse.  Cuando finalmente se resuelve soy muy agradecido por eso). Me escriben de la Sociedad Ecuatoriana de Cerveceros Artesanales para preguntarme si estaría interesado en ser juez del concurso anual de cervezas caseras (jaja, buenazo, ¡yum, yum!), y talvez lo que más disfruto, paso conociendo a gente. En Quito, siento yo, vivimos atrapados en el mismo círculo social de siempre (a veces ni entablamos vínculos nuevos desde el colegio), y esta última característica de mi trabajo es perfecta porque siento que me oxigena. Conocer a gente me ayuda a pensar distinto, a tener nuevas ideas sobre mis proyecto personales así como de trabajo, y además, es simplemente genial poder compartir una cerveza con alguien más. ¡Salud!

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No hay nada como contemplar la planta limpia y lista para el siguiente uso, después de un día largo de trabajo.

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